Puesto Fernández – Población de cañaverales

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POBLACIÓN DE CAÑAVERALES, Todos trabajan en el cultivo de la caña de azúcar, para después entregarla a los Ingenios

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En la provincia Obispo Santiestevan del departamento de Santa Cruz, en el llamado Norte Integrado, ese emporio de producción agroindustrial que dinamiza buena parte de la economía de la región y del país en su conjunto, existe un pequeño sitio llamado Puesto Fernández. Es poco conocido. De hecho, su presencia en los mapas es intermitente y hay que estar muy cerca, por ejemplo en Montero, para poder obtener con certeza información acerca de su localización.

En la ciudad de Santa Cruz, por no decir ya otros departamentos, son pocas las personas que pueden dar referencias acerca de él. Parte de la razón quizás sea el hecho de que existe una confusión con el nombre mismo del lugar. De por sí, un nombre raro. Puesto es una palabra que, como pudimos comprobar.
Es fácilmente sustituida por la palabra Puerto. Asimismo, Fernández, que hace referencia al apellido de don Severo Fernández Alonso (aunque, hay que confesarlo, ya no estamos seguros), el último presidente conservador que gobernó nuestro país de 1896 a 1899, por lo que el nombre completo del lugar es Puerto Fernández Alonso, da pie a otra confusión, ya que, como nos sucedió cuando indagábamos acerca de su ubicación, alguien se refirió a él como Puerto Alonso. Por si fuera poco, algunos días después, ya en pleno pueblo, vimos un letrero, a media cuadra de la plaza principal, que decía “Puesto Fernando Alonzo” y otro, un poco más allá que decía “Alonzo Fernández”. Así. Alonzo con zeta.
avenida willy tordoya en puesto fernandez  Puesto Fernández es un sitio anodino. Su estructura urbanística se puede resumir a dos elementos. Una avenida y una plaza. La avenida es la Willy Tordoya y la plaza, la 13 de febrero. En torno a estos elementos, acaso los únicos ligeramente llamativos, se apretujan casas sin rasgos peculiares. La amplia avenida es una recta de un kilómetro, cuyas dos vías de pavimento rígido comunican la plaza con el camino que va de Mineros a Chané (ahí también las condiciones son propicias para aumentar la confusión, puesto que Mineros a veces es nombrado en singular y hay dos pueblos con el nombre de Chané, ¿o es el mismo sitio con dos nombres? Chané Magallanes y Chané Bedoya, al parecer). La avenida Tordoya posee una hilera de postes de alumbrado público sobre la jardinera central, cuya luz amarilla ilumina, en las calurosas noches, el tránsito de algunas motos y aún menos automóviles. La vía que sí es muy transitada es la delgada carretera que une, como el solitario hilo de una única aguja, los desperdigados pueblos de los cañaverales (Montero, General Saavedra, Cuatro Ojitos, Puesto Fernández, Chané, etc.). Al respecto, tampoco pudimos encontrar a nadie que nos diga hasta dónde va ese camino. “Va lejos”, “es interminable”, “no sé, no conozco” fueron las respuestas obtenidas.
camioneros  Puesto Fernández está en el centro de la región cañera más importante del país. Desde Montero, hacia el noreste, ruta que se toma para llegar al sitio que está señalado por un letrero que dice “Puesto Fernández, tierra dulce y productiva”, el paisaje, es obvio, está cubierto de cañaverales y en las proximidades están los ingenios azucareros de Unagro (en Minero), Guabirá (en Montero) y La Bélgica (en Warnes). San Aurelio, el más antiguo de los ingenios, como se sabe, está en plena ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Durante la época de zafra, que se extiende de abril a noviembre, la actividad es incesante. Miles de toneladas de caña son cortadas, cargadas a camiones y tractores que arrastran dos, tres y hasta cuatro acoples. Así, los vehículos que por allí transitan tienen de 28 a 40 llantas en incesante rotación hacia y desde los ingenios azucareros. La caña de azúcar es una hierba perenne, es decir que no requiere ser sembrada cada año pues vuelve a crecer aunque haya sido cortada. Su nombre científico es Saccharum y es una planta muy útil para la industria, ya que de ella se obtiene azúcar, alcohol e ingredientes para otros productos como el ron. Cuatro Ojitos, una comunidad cercana a Puesto Fernández, es la más grande dedicada a su cultivo. Su cooperativa es la más grande, seguida por la de Puesto Fernández, en cuyo estandarte, utilizado en los desfiles y otras ocasiones, puede leerse: “Cooperativa Agropecuaria Integral Alonzo Fernández” (?), fundada en 1975. La Cooperativa agrupa a casi 150 socios, todos ellos productores de caña. La producción alcanzada por la Cooperativa en su conjunto fue de 100 mil toneladas el año pasado y de 150 mil en el 2009. Esa diferencia, debida a factores climáticos, nos explicaron, fue en parte la responsable de la escasez de azúcar que nos tocó padecer a los bolivianos hace algunos meses.

UNA HISTORIA DE MIGRACIÓN

raul yupanqui de cotagaita ahora cañero de puesto fernandez “Víctor Paz Estenssoro, en su segundo período de gobierno, dijo que nos daría tierra”, nos cuenta don Raymundo Calisaya, un potosino de 74 años que emigró a Puesto en aquella época. “Cuando llegamos, Puesto era precisamente eso, un puesto militar en medio del monte, un poco más allá de donde ahora está la plaza”, nos dice señalando hacia donde se encuentra el mercado del pueblo. “La cosa fue sencilla”, explica. “Nos dieron un lotecito y sembramos caña de azúcar”. Esa breve frase resume la historia del lugar y de sus habitantes. Puesto Fernández es un pueblo creado por inmigrantes, corrobora don Francisco Soliz, un cochabambino de 86 años que llegó en 1972. Quizás una prueba de ello sea el hecho de que en Puesto Fernández, en el corazón de la región cañera, no existe hoy en día ni un solo trapiche, la tradicional molienda de caña, ese artefacto de tres cilindros de madera dentada que al ser girada por bueyes trituraba la caña para extraerle el jugo. No hay ni un trapiche olvidado en algún rincón, con su pintoresquismo que ha sabido ganarse un sitio en las estampas típicamente orientales de la patria, mucho menos uno construido para honrar su memoria, como sí existe en otros sitios, como Warnes. En Puesto Fernández, como en cualquier otra parte, se puede encontrar vendedores de helados, refrescos, empanadas, anticuchos, salteñas, etc. Pero no hay rastros de caña de azúcar pelada y cortada para chuparla con fruición, como todavía se hace en otros sitios de Santa Cruz, incluso en la propia capital del departamento. Tampoco hay seña alguna de caldo de caña, tablilla, empanizao ni jalea. Tuvimos que esperar varios días para poder ver estos productos típicos y lo hicimos gracias a la feria de la caña que se realizó en las afueras de Minero, a varios kilómetros de Puesto Fernández.

ingenio azucarero unagro Otro rasgo que acaso muestra los lazos con la tierra de donde llegaron los primeros pobladores quizás sean los afiches de publicidad de grupos musicales que llegan a Puesto Fernández. El dúo Takintinku del norte de Potosí o el Grupo Horizontes de Sucre hacía poco que habían tenido presentaciones. Sin embargo, las nuevas generaciones, los hijos y nietos de aquellos fundadores del pueblo, ya son cruceños de nacimiento, que han asumido esa identidad. Para insistir con los afiches publicitarios, mencionemos ese que, colado en la puerta de un refrigerador, promocionaba la fiesta del último carnaval: “Comparsa Deschavetados. 100% Puejteño (imitando la dicción camba), 22 años carnavaleando”.

Como nos cuenta don Raymundo, “todo esto no era más que monte”. Poco a poco y con mucho trabajo, los colonos se fueron instalando y dieron inicio a la producción de caña de azúcar. En realidad, ampliaron esa frontera agrícola, puesto que la región ya tenía probada vocación cañera. Aprendieron a sembrar caña de azúcar y la sembraron. Aprendieron a cosecharla y lo hicieron, y así, de a poco, dominaron todo lo referente a este rubro que, con el paso de los años, lo tenemos dicho, se ha convertido en la principal actividad de la región.

LA TRABAJOSA OBTENCIÓN DE LA DULZURA

maquina cortadora de caña La Cooperativa de cañeros de Puesto Fernández está presidida por don Nilo Yupanqui, un potosino de Cotagaita que tiene, junto a su hermano Félix, algunos centenares de hectáreas de caña de azúcar en las afueras del pueblo. Hacia allí nos dirigimos temprano en la mañana, luego de que don Nilo, en uso de sus atribuciones, atienda algunos casos en la oficina de la Cooperativa, como la solicitud de uno de los socios para poder utilizar la máquina cosechadora que posee la institución. Existe un rol de uso para esa maquinaria, pero, y el reclamo del cañero se refiere precisamente a eso, hay ya un retraso en el rol. Entonces, don Nilo le recuerda que el retraso se debe a la lluvia, pues el agua moja la caña y sus hojas se adhieren al tallo impidiendo la labor de la cosechadora.

Luego de solucionar ese y algunos otros asuntos en la Cooperativa, don Nilo nos guía hasta la senda Tunari, un área de cultivo a varios kilómetros al norte de Puesto Fernández. Abandonamos la carretera asfaltada e ingresamos por un delgado camino polvoriento. A izquierda y derecha se yerguen los cañaverales que hoy, bajo la clara luz de la mañana, muestran una lozanía fotográfica. Tras un buen rato de camino, arribamos al sitio donde se está cosechando la caña. Allí nos espera don Félix, quien supervisa la zafra de sus campos. Nos explica que ya los tiempos aquellos en que llegaba una multitud de zafreros han pasado. De los varios miles que acudían de otras regiones del país, ahora casi ya no viene nadie, pues las pocas decenas de personas que todavía son contratadas para esa labor en cada temporada son del lugar.

un pequeño productor en el proceso de extraccion de jugo de caña Él mismo dejó su natal Cotagaita siendo zafrero. “Primero fui a zafrear a la Argentina, a los cañaverales de Ledezma, una población de la provincia de Jujuy. Fui varios años, hasta que escuché que aquí también había zafra y me vine. Con lo que me pagaron me compré un lotecito y sembré caña, pues ya la experiencia en la zafra me había enseñado algo de este asunto”. Hoy, don Félix Yupanqui es un reconocido y respetado cañero de la región.El campo a cosecharse hoy será de unas 15 hectáreas, calcula. Él no necesita de la máquina cosechadora de la Cooperativa pues tiene una propia. A una orden suya, el operario la pone en marcha y somos testigos del poder de la máquina. Con mucho ruido y potencia, el alto y delgado artefacto avanza por el borde del cañaveral, cortando y succionando unas tres,hileras de caña que son transportadas hasta las entrañas de la máquina. Allí la caña es cortada en pedazos de 20 a 30 centímetros de largo que pasan por una correa a través de grandes ventiladores que les quitan la chala, antes de ser escupidos con violencia sobre los camiones o las chatas de los tractores, mientras en lo alto, dos cuchillas cortan, con finura de barbero, las apelusadas flores de la planta. Para este proceso ya mecanizado, se requieren muy pocas personas. El operario de la cosechadora y dos o tres choferes de camión o tractor.Una vez que la caña ha sido cortada, es trasportada al ingenio. El rubro de los transportistas es grande. Cientos, sino miles de camiones, llevan caña para alimentar los ingenios que trabajan las 24 horas del día. Inevitablemente se forman inmensas filas esperando el turno de entrada. “A veces -nos explica Vicente Sánchez, un camionero-, debemos hacer fila todo un día o toda una noche. Y cuando el Ingenio se para porque se arruina, cosa que ocurre con alguna frecuencia, la cosa se pone mucho peor”. Cuando la caña ingresa al Ingenio, es pesada y sometida a una prueba para determinar el grado de sacarosa que posee. De allí, con ayuda de unas máquinas montacargas que en lugar de planchas poseen ganchos, la caña es llevada hasta el molino, donde es triturada. Así se obtiene el dulce jugo, base de todo el proceso de elaboración de azúcar.

Ingresamos al Ingenio Roberto Barbery (de UNAGRO), ubicado en las afueras del pueblo de Minero. La fila de camiones era inmensa, ya que el Ingenio había estado parado desde el día anterior por algún desperfecto. Sin embargo, ya la falla había sido solucionada y ahora recomenzaba su trabajoso proceso de fabricación de azúcar. Los procesos por los que pasa la caña en un ingenio azucarero son cuatro: molido, obtención de jugos, purificación y cristalización. Todo se realiza en máquinas de gran capacidad que llenan de ensordecedor estruendo los predios del ingenio, y de un penetrante y desagradable olor que se percibe a varios kilómetros a la redonda. Un Ingenio como éste, sin ser el más grande, tiene capacidad para producir 24 mil quintales de azúcar por día durante el período de zafra.

tractor llevando las cajas de caña al ingenio “UNAGRO produce principalmente azúcar, aunque también alcohol de melazas residuales”, nos explica el ingeniero Miguel Montero, gerente de márketing de la empresa. En compañía del ingeniero Marcelo Caballero, nos internamos en los recovecos de aquella maraña de fierrería, cuyos tubos, tanques, válvulas, escaleras, chimeneas y vapores omnipresentes nos hacen pensar en una descomunal y furiosa locomotora que, no obstante, tiene las entrañas dulces. Vemos los molinos cilíndricos, los tanques con jugo de caña, los recipientes donde el jugo es mezclado con azufre y cal para su purificación, los diversos pasos de la cristalización, el secado y, finalmente, el proceso de envasado y almacenamiento. Allí vemos algunas bolsas con lemas como “Más dulce imposible” o “Tan dulce como la madre”.

ingenio azucarero unagro Pocos días después, en un predio del Ingenio, se celebra la sexta versión de la Feria de la Caña, organizada por el municipio de Minero y las cooperativas de cañeros. Es un evento pequeño pero que crece año a año. El 2012, por ejemplo, esperan contar con su propio campo ferial. En los stands de exposición, se ofrecen muchas cosas: tractores, camiones, otro tipo de vehículos, crédito para la producción, fertilizantes, plaguicidas, herramientas, etc. Al final de la calle Sacarosa, está armada una carpa donde se realiza el acto central del evento. Discursos, agradecimientos, promesas de más atención al sector por parte de autoridades, en fin, toda la dinámica inherente a actividades como esta. Hay un par de sitios para comer (fricasé, chicharrón, picante de gallina…) y un pequeño puesto de venta que, equipado con un molino a motor, ofrece caldo de caña y jalea a los paseantes de la feria. Todo en derredor, más allá de los estacionamientos de autos y motocicletas, son cañaverales.Ya lo habíamos visto días antes, desde lo alto de las terrazas del Ingenio. Una gran extensión de terreno circundante que, donde se mire, la vegetación natural de la región, el “todo era monte” de hace apenas 40 años atrás, ha dado paso a una planicie de cañaverales que alcanza el horizonte. Un horizonte modificado por la mano del hombre. Con mucho, muchísimo esfuerzo, es cierto, pero con resultados que, cada día un poco más, dejan de ser auspiciosos a la luz de la realidad que nos toca afrontar como habitantes del siglo XXI.

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